La realidad de los hechos no esta en nuestros actos, sino en nuestras ideas


El ser humano no se define por lo que es, sino por lo que está dispuesto a ser

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Como seres humanos altamente sociables, nuestras relaciones humanas son el cúmulo de experiencias que surgen de la interacción inevitable con otros seres humanos. Y para poder entender cómo funcionan nuestras relaciones, debemos entender primero cómo funcionamos como individuos, desde una perspectiva personal.

Nuestra construcción de individuos está conformada por el cúmulo de factores materiales e históricos en los que hemos vivido; la relación con nuestros padres, las escuelas en las que hemos estudiado, el lugar en el que hemos vivido (desde la colonia hasta el país), la calidad de las relaciones con nuestros amigos, en fin; todos aquellos factores externos son los que van condicionando la calidad de nuestras relaciones humanas a futuro. Sin embargo, esto no es determinista, pues cómo los únicos seres vivos animales capaces de analizar y tomar decisiones, podemos cambiar nuestras condiciones de vida. 

De esa manera, como parte de una sociedad, tenemos la característica inherente de necesitar de los demás para ser o hacer algo en el mundo; pues nadie evoluciona por sí solo, sino por la interacción que tenemos con otros seres humanos. Esa interacción también está conformada por la intersubjetividad de cada individuo, es decir, que cada quien tiene una respuesta distinta a una misma situación; por ejemplo, si miramos el número 6 desde el ángulo superior o inferior, puede ser visto como el número 6 o el número 9, todo depende de las perspectivas individuales de cada uno, pues bien es cierto que cada cabeza es un mundo

Esas perspectivas individuales también están construidas desde elementos internos en cada individuo y al externarlas generan un impacto en la sociedad, por ejemplo; las emociones, las ideas, los sentimientos, los pensamientos, el ego, y las actitudes, son construcciones mentales implantadas desde nuestras experiencias de vida que se van convirtiendo en sesgos cognitivos que pueden ayudar a beneficiar o minimizar nuestra adaptación en la sociedad.

Muchas veces construimos nuestras relaciones desde lo que creemos que es correcto, o con aquellas personas que comparten los mismos valores, principios o, simplemente gustos. Aprender a conocerse a uno mismo, y tener consciencia de ello, ayuda a conocer cómo funciona el ser humano desde su individualidad hasta su interacción social, pero, ¿es fácil comprender eso? No, para nada. ¿Podemos lograr alcanzar una comprensión de nosotros mismos? Claro que sí, pero que crees, sigue siendo casi imposible en una sociedad individualista.

Ese individualismo social, hace que vivimos en dualidades. Creemos que siempre habrá un bueno y malo, rico y pobre, fuerte y débil, inteligente y burro; y la sociología (que tiene mucha relación con la mediación), puede ayudarnos a encontrar los matices que existen entre el negro y el blanco; pero para ello, debemos primero aprender a cambiar nuestras propias ideologías o lo que la misma sociedad nos ha enseñado en este siglo XXI. Los paradigmas, sesgos y construcciones sociales nos impiden mirar más allá de lo que vemos, y que limitan nuestra capacidad de comprensión. No basta con conocer (o creer que conocemos), nuestras relaciones humanas, sino que, es necesario comprender como funcionan (el por qué y para qué), nuestras relaciones; comprender la conexión que existe entre nuestras ideas con nuestros actos (el vehículo que nos lleva al objeto), pues la realidad de los hechos no está en nuestros actos, sino en nuestras ideas. 

Para finalizar, creo que en algún momento todos nos hemos preguntado ¿Por qué pasa lo que pasa en el mundo, en mi país, en mi estado, en mi colonia, en mi casa, en mi vida? Tratar de encontrar una explicación y comprender los fenómenos sociales, también implica cuestionarse todo lo que pensamos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que creemos que está bien o mal, y para ello; debemos aprender a desarrollar la curiosidad, ser exploradores en nuestra sociedad y en nuestra propia vida. El ser humano no se define por lo que es, sino por lo que está dispuesto a ser. Nos falta comprender que todo lo que la naturaleza crea, forma una unidad para la misma naturaleza; no para ir en contra de ella.

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